Un enclave privilegiado
La parcela está en La Coma, Borriol, contigua al Golf Mediterráneo. 122.000 m² con vistas panorámicas en prácticamente todas sus orientaciones. El entorno montañoso mediterráneo no es decoración: es parte del concepto. Quisimos que los deportistas lo vivieran desde dentro, que el paisaje formara parte del espacio de entrenamiento.
A 15 minutos de la ciudad y perfectamente conectado, el emplazamiento permite consolidar un núcleo deportivo de alto rendimiento sin renunciar al entorno natural. Un privilegio que condiciona — en el mejor de los sentidos — todas las decisiones de diseño.
Dos fases, un mismo eje
El proyecto se estructura en dos fases a lo largo de un eje noroeste-sureste que vertebra los desniveles de la parcela. No se trata de dos proyectos independientes: son dos piezas del mismo argumento.
La Fase 1 finalizada, es la pradera: tres campos de césped natural de 23.000 m² reservados para los equipos profesionales, con los módulos de vestuarios y oficinas trasladados desde la anterior sede en Oropesa. Es el corazón del entrenamiento diario.
La Fase 2 añade los dos edificios principales. El Miniestadi, con capacidad para 3.000 espectadores, será la sede habitual del filial, el primer equipo femenino y el Juvenil A. El Edificio Principal, de uso exclusivo para el primer equipo, concentra en planta baja los vestuarios, el gimnasio, la sala de hidroterapia, el comedor y la zona de descanso. La primera planta es del cuerpo técnico y la dirección del club.
La piel del club
Uno de los retos del proyecto era dar identidad visual a un conjunto que debía leerse como un todo desde la carretera y desde los propios campos. La solución fue una piel de acero galvanizado perforado lacado en colores tierra. No solo como imagen: la piel filtra la luz, especialmente en la orientación suroeste, sin cerrar la relación visual con el exterior. El resultado es una fachada que de día se comporta como un filtro lumínico y de noche revela los interiores iluminados.
El gran voladizo de la cubierta del Miniestadi protege la grada y las oficinas de planta alta del sol directo. Una decisión climática que también es arquitectónica.
Rendimiento desde la funcionalidad
En un edificio deportivo, la arquitectura se mide diferente. No hay que convencer a nadie de que la forma importa: aquí la forma es el rendimiento. Cada recorrido entre vestuario, campo y sala médica tiene que ser corto, claro y sin interferencias. Cada espacio, desde el despacho de presidencia hasta el área de hidroterapia, ha sido diseñado para maximizar el confort y la luz natural.
Los muros cortina en las áreas principales y la piel perforada en fachada son la estrategia de iluminación: luz abundante, sin deslumbramiento. Las cubiertas albergarán paneles solares; toda la climatización se resuelve con sistemas de altas prestaciones. La Ciudad Deportiva genera energía además de consumirla.
Lo que representa para el estudio
CEL-RAS trabaja habitualmente en residenciales. Este proyecto nos permitió abordar un equipamiento singular con una exigencia diferente: la de diseñar para profesionales cuyo lugar de trabajo es también su lugar de rendimiento físico máximo.
El resultado es un hito para la provincia de Castellón. Y para nosotros, una prueba de que la arquitectura bien pensada funciona igual de bien en cualquier programa.