El proyecto residencial Barlovento, situado en Torre Bellver, Benicàssim, se encuentra ya en su última etapa de construcción. En colaboración con Porta de Mar, lo que durante años fue un proceso de diseño y desarrollo empieza ahora a consolidarse como una realidad visible en el paisaje: las formas onduladas de los edificios ya emergen sobre la ladera, adaptándose a la geografía del terreno y dibujando una silueta que recuerda al movimiento de las olas del Mediterráneo.
El conjunto está formado por tres edificios que se integran en la pendiente natural de la parcela, aprovechando la topografía y la orientación para abrir las viviendas hacia el mar y el paisaje. Las líneas curvas que caracterizan el proyecto no solo definen su identidad visual, sino que responden también a una manera de entender el espacio en relación con el entorno.
Un entorno donde conviven varios proyectos
En una de las imágenes del proyecto puede apreciarse también Andryala, otro residencial situado en Torre Bellver, en Oropesa del Mar. Este desarrollo se integra en la pendiente natural de la montaña mediante volúmenes curvos y escalonados, adaptándose al terreno y aprovechando su orientación privilegiada frente al Mediterráneo.
Las viviendas de Andryala están diseñadas para maximizar la entrada de luz natural y las vistas al mar, mientras los espacios interiores fluyen de manera orgánica, potenciando la amplitud y la conexión con el exterior.
Cada detalle responde a un enfoque pensado para equilibrar confort, luz y relación con el entorno. Además de las piscinas privadas, el residencial cuenta con una piscina infinity de 170 m² que se funde visualmente con el mar, generando una experiencia de vida serena y profundamente conectada con el paisaje.
La sostenibilidad guía también este proyecto: la orientación de los edificios, la ventilación natural y las soluciones energéticas eficientes garantizan bienestar y respeto por el entorno mediterráneo.
Un proyecto que dialoga con el paisaje
Barlovento nace inspirado por la cercanía del mar Mediterráneo y por la presencia de la Colomera, uno de los paisajes más representativos de la costa de Castellón. Las formas suaves y fluidas de los edificios evocan el ritmo del mar y buscan integrarse con la vegetación y la pendiente natural del terreno.
A medida que la construcción avanza hacia su finalización, esta relación con el paisaje se hace cada vez más evidente. Las curvas del conjunto generan una composición dinámica que rompe con la rigidez de los volúmenes tradicionales y crea una arquitectura que parece acompañar el movimiento del territorio.
Sostenibilidad y confort en cada vivienda
El proyecto ha sido concebido con un enfoque responsable desde el punto de vista energético y ambiental. Todas las viviendas cuentan con un alto nivel de calificación energética, lo que permite disfrutar de espacios confortables y eficientes al mismo tiempo.
La orientación de los edificios, la ventilación natural y las soluciones constructivas adoptadas contribuyen a reducir el consumo energético y a mejorar el bienestar interior, integrando la sostenibilidad como una parte esencial de la experiencia de habitar.
Espacios pensados para vivir el exterior
El residencial se desarrolla en un entorno natural privilegiado y cuenta con más de 8.000 m² de zonas verdes, donde el paisaje se convierte en parte fundamental del proyecto. Las láminas de agua y las pasarelas que recorren la parcela se adaptan a la pendiente del terreno, generando recorridos que invitan al paseo, al descanso y a la contemplación del entorno.
La presencia constante de luz natural, la proximidad del mar y la apertura de las viviendas hacia el exterior crean un ambiente sereno y equilibrado, donde el interior y el paisaje se conectan de manera fluida.